Fortalecer la educación de los hijos

Fortalecer la educación de los hijos

“Los padres siempre inciden en el desarrollo moral de sus hijos, para bien o para mal. Por consiguiente, lo más adecuado es que acepten esta función inevitable y la realicen de un modo consciente, entusiasta, razonable y apropiado” (Amoris Laetitia No. 259).

Con esta invitación comienza el Papa Francisco el séptimo capítulo de la exhortación apostólica Amoris Laetitia. A primera vista creería cualquier desprevenido que es una afirmación simple y apenas evidente. Sin embargo si nos adentramos un poco en los adjetivos que señala; encontramos enormes desafíos para la responsabilidad que, bien señala, tienen los padres de familia: Consciente, entusiasta, razonable y apropiado. Ampliado el horizonte un poco más observaremos que estos factores no solo son una exigencia para los padres de familia sino que también son determinantes para que los maestros adelanten con efectividad la misión educadora a la que continuamente son llamados (esto desde una visión católica de la educación).

Retomando el texto al que ya hice alusión quiero resaltar algunos aspectos que el Papa considera importantes, en este contexto convulso, para que los padres de familia puedan fortalecer la educación de sus hijos. Son elementos muy prácticos que vale la pena tener presentes:

1.    Saber dónde están los hijos: Sin caer en situaciones obsesivas, es importante conocer dónde están y con quiénes están. Qué les gusta, que sueñan o qué les apasiona. El saber este tipo de cosas evitará entre muchas otras cosas situaciones que pongan en riesgo a los hijos. Se trata también de saber dónde está respecto a sus emociones, objetivos y convicciones. Esto último por lo general es lo que más se desconoce.

2.    Asumir la formación ética de los hijos: El colegio apoya esta labor sin duda alguna, pero corresponde principalmente a los padres de familia llevarla a cabo. Esto implica el fortalecimiento de los vínculos afectivos de manera estrecha. Una vez el vínculo afectivo se esté fortalecido la formación moral se lleva a cabo a través del diálogo y la cercanía empleando el lenguaje de los hijos de manera inductiva, para que sean ellos los que descubran la importancia de asumir ciertos valores. No es acertado imponer creencias o convicciones ya que seguramente las desecharán de primera.

3.    A veces es necesario sancionar a los hijos: Sorprende esta invitación del Papa. Pero no es del todo descabellada, ya que bien empleada cumple una función pedagógica importante: “un niño corregido con amor se siente tenido en cuenta, percibe que es alguien, advierte que sus padres reconocen sus posibilidades” (No. 269).

4.    Paciencia con  los hijos: Hay que tener una dosis de paciencia. Hay que respetar los ritmos del proceso de maduración y crecimiento. No se pueden emplear metodologías rígidas que vulneren y agredan. Vale la pena que los padres conozcan los aportes de la psicología en este campo, lo que les ayudará a descubrir las etapas que atraviesan sus hijos.

5.    Crear un ambiente familiar adecuado para padres e hijos: La familia es el primer lugar de socialización del ser humano. Allí aprende a comunicarse con los otros, “a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a convivir” (No. 276). ¿Son las familias actuales reflejo de estos comportamientos?.

6.    Dialogar en torno a temas de sexualidad con los hijos: Aunque en este asunto se ha avanzado mucho, pues los padres abordan el tema con facilidad y sin pena, valdría la pena preguntarse si se está abordando de la mejor manera. El Papa señala al respecto que “es importante… enseñarles un camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa, a la comunicación rica de sentido” (No. 283) en contraposición a un diálogo que solamente invite al “sexo seguro”.

7.    Transmitir la fe a los hijos: Pese al acelerado ritmo en que vivimos hoy, es urgente no perder de vista esta tarea de la familia. No es algo que se le delegue al colegio, sino que la familia debe ser quien más atenta esté a ese proceso. Para esto el Papa recomienda: “La educación en la fe sabe adaptarse a cada hijo, porque los recursos aprendidos o las recetas a veces no funcionan. Los niños necesitan símbolos, gestos, narraciones. Los adolescentes suelen entrar en crisis con la autoridad y con las normas, por lo cual conviene estimular sus propias experiencias de fe y ofrecerles testimonios luminosos que se impongan por su sola belleza” (No. 288).

Luego de leer estos elementos elaborados parafraseando a Francisco te invito a compartir cómo los percibes. ¿Es acertado lo que plantea? ¿Qué hace falta?  



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